
2026drancyCité du Nordfrancia
trains de vie
En la Cité du Nord, nacida a fines del siglo 19 para alojar a los ferroviarios del patio de maniobras, una exposición fotográfica y sonora escrita por quienes viven allí, de las primeras llegadas a las nietas y los nietos.
- formatos
- medios
- territorio
- drancy · Cité du Nord
- aliados
- Centre social municipal de Drancy
- artistas
- Myriam Rabah-Konaté
- devolución
- “trains de vie”, exposición fotográfica y creación sonora: doce lonas y tres paneles, con archivos, entre ellos una vista aérea de 1931.
Durante varios meses, el trabajo se instaló en el centro social municipal de Drancy: por la mañana en el café de madres y padres, en las actividades de Nadyne, en los pasillos, en la pasarela, en la estación. De conversación en conversación, la memoria se fue desplegando: las hijas y los hijos de ferroviarios llegados en 1980, los padres reclutados en Marruecos a fines de los años 60 para mantener las vías, la avenida Marceau y sus comercios, el RER B que atraviesa el conjunto tanto como lo conecta.
Las y los habitantes validaron las fotografías y decidieron qué se contaba, en qué orden y hasta dónde. Sobre lo que el conjunto llegó a ser no están de acuerdo entre sí, y la exposición lo deja oír. Una cosa es unánime: como la palabra “cité” costaba rechazos en la escuela y en el trabajo, se la quitó de los papeles, y la cité du nord se convirtió en el número 1 de la calle Pierre-Sémard.
la exposición
trains de vie, muro por muro
Doce lonas y luego tres paneles: los retratos de los habitantes, sus palabras, los archivos del Papyrus drancéen y una vista aérea de 1931. Los títulos y los textos son los de la exposición.
muro 02

meïté
«Llegué aquí porque mi esposa trabajaba en la SNCF, así que pedimos una vivienda y no me arrepiento. ¡Estoy muy bien aquí! Estoy de verdad bien en Drancy, es tranquilo. Y además tenemos muchos amigos, tenemos el café de los padres, creamos nuestra asociación en la cité… el secretario general soy yo.»
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«La gente decía: no hay que pasar por ahí, te pueden agarrar en la cité. Yo seguía. Cuando empezaba a subir la cuesta, caminaba muy, muy rápido.» «La tomaba cuando no había ni cámaras ni luz.» «Tenía un carrito bastante pesado con los directorios del correo para repartir. Había gente que me decía que no fuera, que era una zona sensible. Yo no hacía caso. Y nadie hacía nada de nada.»
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jamila
«La cité forma parte del día a día de mi mamá, pasa por delante todos los días para ir a trabajar. Me llevaba cuando era chiquita: iba a casa de mi tía, jugaba abajo del edificio N e iba a comprar barquitas de chocolate al Franprix. De adolescente, iba a estudiar a la biblioteca de atrás: quedábamos de vernos frente a la cité para tomar el 143 y volver a casa.»
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le café des parents
Cada semana, algunos habitantes se reúnen una mañana alrededor de un café. Van y vienen por el centro social municipal, platican del barrio, de su día a día, de todo y de nada. Ahí pasan un montón de cosas insignificantes que me fascinan: la manera en que se organiza el espacio, los murmullos, las exclamaciones, las bolsitas que se intercambian, las manos que se echan, las noticias que se comparten. En nuestras conversaciones sentí cómo la memoria se desplegaba poco a poco: de los años 80 a hoy, de su llegada a sus nietos, compartimos lo que nos une a Drancy, a la cité du nord y a este territorio.
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«Llegamos aquí en 1980. Somos hijos de ferroviarios. Nuestros papás eran agentes de la SNCF.» «Había una comunidad marroquí fuerte, como nosotros. Eran los contratados que trajeron de Marruecos. La SNCF, entre otras empresas, necesitaba mano de obra. A finales de los 60 y principios de los 70, fueron a Marruecos a buscar mano de obra, y de ahí viene la mayoría de nuestros padres.» «Los reunían prácticamente a todos en Casablanca. Tenían que pasar exámenes médicos. Y cuando los aceptaban, los hacían viajar para venir aquí.»
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dominique
«Antes, en la avenida Marceau, justo al lado, teníamos todo a la mano: tiendas, panaderías, zapaterías, ferreterías, tintorerías, pescaderías… era enorme, pero ahora hay muchas menos cosas»; «Drancy cambia mucho: y cuando tiran las casas de piedra, siempre me pone triste. Sabe, aquí es el barrio paris-campagne, y es de verdad como un pueblo.»
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manger · bouger
Son las 9:45 y Nadyne dice: «¡vamos, vamos, a movernos, síganme!». Pone música, anima a cada mujer, muestra un gesto, ayuda a una participante. Desborda energía. Una hora después la encuentro en el centro preparando la comida con las vecinas. Se comparten una receta, se ríen, platican.
muro 11

La cité du nord nació con el desarrollo del ferrocarril en Drancy. Creada a finales del siglo XIX por la Compagnie des chemins de fer du Nord, acogía entonces a los ferroviarios cerca de la estación de clasificación, en casas con jardín. A partir de los años 1960, esas casas fueron reemplazadas poco a poco por viviendas colectivas, que se renovaron en los años 2010. A pocos pasos de la cité, la estación del RER B de Le Bourget prolonga esta historia ferroviaria. La línea atraviesa la cité tanto como la une: una línea de paso, que toman cada día habitantes de toda la Île-de-France.
fotografías: Myriam Rabah-Konaté y el equipo de mOst, con las y los habitantes de la cité du nord · archivos: asociación Papyrus drancéen
la exposición
Doce lonas y tres paneles: los retratos, las palabras de las y los habitantes y archivos, entre ellos una vista aérea de 1931.








































