Cada proyecto de mOst se construye con un territorio, un grupo y organizaciones aliadas del lugar. Nuestro método no es un programa rígido que aplicaríamos igual en todas partes. Es una gramática común: etapas, principios y herramientas que permiten construir un proyecto coherente sin dejar de escuchar las realidades locales.
etapa 1
encontrarse, escuchar, investigar
Antes de producir, nos tomamos el tiempo de comprender. Nos reunimos con las organizaciones y las personas clave, caminamos por el barrio, identificamos los lugares, los usos, las tensiones, las transformaciones y las historias que ya están ahí. Esta primera fase permite formular una pregunta de partida que no se imponga desde afuera.
La investigación puede tomar la forma de conversaciones, recorridos a pie, mapas sensibles, recolección de fotografías familiares, búsquedas en archivos, entrevistas en la calle o entrevistas en profundidad. También sirve para precisar las condiciones del proyecto: las personas con quienes trabajar, los ritmos posibles, las lenguas presentes, los espacios accesibles, los permisos necesarios y las formas de devolución posibles.
etapa 2
compartir las herramientas a través de la práctica
Ponemos rápidamente las herramientas en manos de quienes participan: cámaras fotográficas analógicas o digitales, grabadoras de sonido, cámaras de video, cuadernos, mapas, lápices, soportes de exposición. Los aportes técnicos son breves, concretos y se ponen a prueba de inmediato en el territorio.
Aprender a encuadrar, grabar, entrevistar, escribir o dibujar no consiste solo en dominar un aparato. Cada gesto implica una elección: dónde ubicarse, qué dejar dentro del cuadro, cómo escuchar, qué pregunta hacer, qué palabras usar, a quién dirigirse. Así, la transmisión técnica se convierte en una educación de la mirada y de la responsabilidad de representar.
etapa 3
crear colectivamente
Los talleres siguen una progresión. Las primeras exploraciones producen un material en bruto; las sesiones siguientes permiten revisarlo, completarlo, relacionarlo y construir un relato. Imágenes, sonidos, textos, mapas, dibujos y archivos se vuelven poco a poco los elementos de una forma común.
Crear colectivamente significa que las decisiones se comparten. Quienes participan eligen los temas, las personas a quienes conocer, las imágenes que se conservan, los fragmentos sonoros que se dan a escuchar, las palabras que acompañan las producciones y los posibles límites a la hora de hacerlas públicas. El desacuerdo tiene su lugar: permite discutir las representaciones en vez de ocultar su complejidad.
etapa 4
editar y preparar el encuentro con el público
Un material todavía no es una exposición, una película ni una publicación. Hay que seleccionar, ordenar, escribir los pies de foto, montar, contextualizar e imaginar el recorrido del público. Esta etapa de edición es central, porque hace visibles las intenciones y transforma un conjunto de producciones en un relato compartido.
Acompañamos a quienes participan a descubrir las lógicas curatoriales y de mediación. Pueden escribir el texto de introducción, elegir un título, pensar el montaje de la exposición, grabar una voz en off, preparar una visita guiada o presentar el proyecto en la inauguración. Así, la mediación no es una explicación que se agrega al final: prolonga la capacidad de acción de las personas que crearon.
etapa 5
devolver al territorio
Las producciones vuelven primero a los espacios donde se crearon: explanada, calle, plaza, entrada de edificio, centro comunitario, biblioteca, espacio cultural, vitrina, sala de proyección o espacio en línea. Elegimos los lugares según los usos reales y según la capacidad de la devolución de llegar a personas más allá del grupo del taller.
Exposiciones multisede, películas, publicaciones, instalaciones, recorridos o archivos sonoros se convierten en espacios de conversación y de reconocimiento. La devolución permite que las y los habitantes vean sus relatos ocupar un lugar público, que las organizaciones aliadas compartan el camino recorrido y que el barrio se encuentre en torno a una creación común.
etapa 6
dejar huella y construir continuidad
Cada proyecto debe dejar una huella útil: un corpus fotográfico, entrevistas, una película, una exposición que se pueda volver a montar, un cuadernillo, un mapa, un protocolo pedagógico, un archivo digital o capacidades locales fortalecidas. Con las organizaciones aliadas y con quienes participan, trabajamos la conservación, los derechos de uso, el acceso a las producciones y las condiciones para volver a activarlas.
La continuidad también es relacional. mOst busca volver, profundizar y conectar los proyectos en lugar de multiplicar las intervenciones puntuales. Un primer Punto de vista puede abrir una residencia, una investigación puede convertirse en archivo vivo, una exposición local puede dialogar con otro territorio. Esta permanencia en el tiempo permite fortalecer la confianza y hacer evolucionar las formas junto con las y los habitantes.
lo que guía nuestras decisiones
- La accesibilidadCualquier persona debe poder apropiarse de las herramientas sin requisitos previos, sin importar su edad, su nivel técnico o su relación con la escritura.
- El rigorHacer accesible una práctica no significa empobrecerla. Damos importancia a la calidad de las imágenes, los sonidos, los textos, la edición y la presentación pública.
- La reciprocidadCada persona debe poder decidir qué comparte, qué queda protegido y de qué manera se usarán su imagen o su palabra.
- El arraigoLas organizaciones aliadas locales conocen los ritmos, los recursos y las fragilidades del territorio. Construimos con ellas, no en su lugar.
- La circulaciónLos relatos están hechos para volver al barrio, pero también para viajar, encontrarse con otros públicos y conectar periferias entre sí sin borrar sus diferencias.
- El largo plazoPrivilegiamos las relaciones capaces de prolongarse, de construir una memoria y de producir efectos más allá de la devolución inmediata.
